¿Cuándo fue la última vez que alguien le preguntó cómo está, y se quedó a oír la respuesta?
No la pregunta del saludo, la de pasada. La otra.
Hay personas que llevan meses sin oírla, y hay personas que llevan años. Casi siempre son las mismas que cumplen, que responden y que sostienen a los demás.
Una consultante nos contó que una persona muy cercana no estuvo pendiente de ella en un mal momento. Le preguntamos qué sentía, y contestó así: ""Es netamente eh tristeza. Sí, no me genera nada más, me genera es tristeza.""
Fíjese en lo que no dijo. No dijo rabia, y no dijo que no lo perdonaba. Dijo tristeza, y nada más. Cuando una persona lleva mucho tiempo triste, casi siempre se lo explica de una de tres maneras.
La primera es soy débil. La segunda es soy desagradecida, porque tengo todo y aun así lloro. La tercera es la más dura: ""yo lo escogí, entonces no me puedo quejar"".
Las tres tienen algo en común: en las tres, la culpa es suya. Y si la culpa es suya, la salida también tiene que salir solo de usted.
Eso es justo lo que estas personas llevaban años haciendo. Apretaban, aguantaban y sonreían, y la tristeza seguía en el mismo sitio." "La pregunta útil no es cómo dejar de estar triste. Esa ya se la hizo usted mil veces.
La pregunta es otra: ¿por qué hay personas que, donde otra sentiría rabia, sienten solo tristeza? Y para contestarla no se puede arrancar por la tristeza. Hay que arrancar por la persona." "Lo primero que miramos no es qué le pasa a alguien. Es cómo está hecho.
En nuestro trabajo vemos, a grandes rasgos, dos maneras. Es una observación, no un examen ni una prueba.
Hay personas que viven hacia afuera. Conectan fácil, animan y están pendientes de todos, y por eso mismo necesitan que alguien les devuelva algo: un gracias, un reconocimiento, un rato de compañía.
Y hay personas que viven hacia adentro. Analizan, planean y se exigen mucho, y cuando algo les duele no lo sacan: le dan vueltas solas.
Ninguna manera es mejor, y casi nadie es de una sola. En el caso que estudiamos, dos de las tres personas vivían hacia afuera y una hacia adentro.
Una se quedaba callada. Otra le daba vueltas sola. La tercera lloraba todos los días y seguía resolviendo los problemas de su familia.
Eran tres maneras distintas, con un punto en común. Ninguna estaba pidiendo nada para ella." "El mecanismo se entiende mejor en orden.
- Usted necesita algo de alguien cercano: que esté pendiente, que reconozca lo que usted hace, que le acompañe en un mal día.
- Eso no llega, ni esta vez ni la siguiente.
- Se asoma la rabia, y usted la frena con una frase: ""yo no soy así"", ""yo lo escogí"", ""me toca a mí"".
- Como la rabia no tiene permiso, lo que queda es tristeza.
- Para poder seguir con el día, usted se desconecta: respira, se ocupa o sostiene a otros.
- Como todos ven que usted funciona, nadie se entera.
- Como nadie se entera, nadie pregunta. Y vuelve al paso uno, con un poco más de tristeza.
Eso es un círculo, y se sostiene solo. Nadie tiene que hacer nada malo para que siga girando.
Revise los siete pasos y busque en cuál hizo algo mal. Necesitar a alguien es humano, no pelear es educación y seguir cumpliendo es responsabilidad.
Por eso la tristeza dura tanto. No es debilidad: es un círculo que no tiene por dónde abrirse." "De las dieciséis personas que acompañamos este año, nueve hablaron de llanto o de tristeza, y siete hablaron de soledad. Es una observación de nuestro trabajo, y no prueba que una situación cause la otra.
Lo que se ha estudiado por fuera de nuestro trabajo dice que sentirse solo va de la mano con un ánimo más bajo. Los siete pasos, en ese orden, son una lectura nuestra." "Es un caso compuesto de tres personas, con permiso por escrito y con los datos de contexto cambiados. Su salud, sus hijos y sus decisiones de pareja quedaron por fuera.
Una de ellas reportó el cambio con estas palabras: definitivamente esto no lo negocio. Hay cosas que no le no negocio en mi vida.
No dijo que ya no estaba triste. Dijo que puso un alto. Lo primero que se movió no fue la emoción, sino lo que ella estaba dispuesta a aceptar.
Y esto es lo que no cambió. Su tristeza frente a esa persona cercana siguió ahí, y la otra persona tampoco cambió. Poner un límite no borra la tristeza: hace que uno deje de sumarle." "Antes de las siete de la noche, escriba una frase en un papel. Empiece así: ""lo que yo necesitaba y no pedí fue…"".
No se la envíe a nadie. No es para reclamar: es para que usted la vea escrita." Su tristeza no es debilidad. Es lo que queda cuando una persona lleva mucho tiempo necesitando algo, y callándolo.
¿Qué tristeza suya empezó el día que dejó de pedir? Emocing ofrece acompañamiento emocional complementario. No constituye diagnóstico ni tratamiento médico, psicológico o psiquiátrico, ni los reemplaza. Si usted está atravesando una crisis, comuníquese con la Línea 106 o el 123. Si quiere revisar su caso, el primer paso es la Llamada de Claridad. Es una conversación de triaje, de quince minutos y sin costo: miramos si su caso entra en el proceso y qué haría falta.